Apuntes y comentarios de Historia de España para 2 Curso de Bachillerato escritos por la profesora Ana Galván Romarate-Zabala. Si los utilizas, cita las fuentes.
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sábado, 11 de febrero de 2012

ACTIVIDAD 8. ACTIVIDAD DE DESARROLLO SOBRE LA II REPÚBLICA

Cuestionario sobre el video relativo a la II República que veremos en clase (desde el minuto 22.50 del capítulo 24 de la serie Memoria de España):

1. ¿En qué etapa se llevan a cabo la mayoría de las reformas de la II República?

2. El gobierno provisional convocó elecciones a Cortes Constituyentes, ¿sabrías explicar a qué se refiere con Cortes Constituyentes?

3. Explica el concepto de "mitin".

4. Señala varias ideologías de los partidos que se presentan a las elecciones anteriormente citadas. ¿Quién gana las elecciones del año 31?

5. El partido Radical, ¿de qué tendencia política era? ¿Quién era su dirigente?

6. ¿Por qué en diciembre de 1931 fue aprobada la Constitución de la República "sin consenso"?

7. Señala varias características o elementos definidores de la Constitución de 1931.

8. El presidente de la República es Niceto Alcalá Zamora, ¿pero quién lo es del Gobierno? (Etapa Bienio Republicano-Socialista).

9. ¿Qué prohibe la nueva legalidad republicana a las Ordenes Religiosas?

SEGUNDA PARTE

10. La división entre los dos grandes sindicatos _____ y _____ se hace patente una vez pasada la euforia por la llegada de la República.

11. ¿Por qué la CNT le declara la guerra a la República desde el primer momento? ¿Qué sindicato es partidario de la "revolución violenta y continua"?

12. Son reprimidos con firmeza por el gobierno.....

13. ¿Qué ocurre en Sevilla en agosto de 1932? ¿Cómo se llama el general golpista? ¿Qué quiere decir que, al final, fue indultado?

14. ¿Quién fue el "alma mater" de la Reforma Agraria? ¿Cuál es el principal objetivo de la Reforma Agraria?

15. ¿Por qué fracasa la Reforma Agraria?

16. ¿Qué ocurrió en Casas Viejas (un pueblo de Cádiz) en enero de 1933 ? ¿Qué actitud toma el gobierno de Åzaña ante los acontecimientos de Casas Viejas? Consecuencias.

TERCERA PARTE

17. En las elecciones de noviembre de 1933 por primera vez...

18. En esas elecciones ganan las derechas y gobernará el partido Radical de centro (A. Lerroux) y la CEDA, una coalición de partidos de derechas dirigidas por Gil Robles. Define con cuatro palabras su ideología.

19. Internacionalmente, ¿qué sistemas totalitarios se han implantado en Europa?

20. En octubre de 1933 se funda en España un partido de corte fascista, la Falange. ¿Quién fue su fundador?

21. La revolución de octubre de 1934 tuvo lugar en... y fue duramente sofocada por...Alcanzó la dimensión de una ..... .....

22. La revolución de Asturias es el ............... de la guerra civil española.

23. En febrero de 1936 las elecciones generales son ganadas por ..... Las izquierdas obtienen un ......% de los votos y las derechas un.....%

24. Explica el concepto de "amnistía".

25. ¿Por qué en esta etapa se produce el traslado forzoso de varios militares a Canarias, Baleares o Pamplona?

26.Durante la etapa del Frente Popular las derechas y las izquierdas se..... Se produjeron...... asesinatos políticos.

Y para completar la actividad, este estupendo powerpoint del profesor Sergi Sanchíz







jueves, 2 de febrero de 2012

ACTIVIDAD DE INTRODUCCIÓN A LA II REPÚBLICA. ACTIVIDAD 6. 2A EVALUACIÓN.

Como actividad introductora a la II República española, veremos en clase un video sobre esta etapa con el siguiente cuestionario que tendréis que contestar:

1. Fecha de la proclamación de la II República española.

2. ¿Cuál fue el primer pueblo en el que fue proclamada la República?

3. Ante el resultado de las elecciones municipales del 12 de abril, el Almirante Aznar proclamó... y.....

4. ¿Qué actitud adoptó el Rey Alfonso XIII a la vista de los acontecimientos del 12-14 abril?

5.¿Qué motivo alega el Rey para exiliarse?

6. La II República fue recibida en un ambiente de.....

7. Un mes después de proclamada la II República, ¿qué hecho destacable ocurrió?

8. ¿Quién proclama en Madrid la II República?

9. ¿Quién gobierna en España nada más proclamarse la II República?

10. ¿Qué objetivo tiene ese primer gobierno?

11 ¿Cuántos millones de habitantes tenía España durante la II República? ¿Qué porcentaje de analfabetismo había?

12.Durante la II República se fomenta la escuela primaria, ¿qué medidas adopta el gobierno republicano en este sentido?

(Video desde el minuto 15)

miércoles, 1 de febrero de 2012

TEMA 13 LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA

La II República ante los principales problemas de España: las reformas políticas, sociales y económicas

1. Introducción

En un clima de crisis y de cada vez mayor oposición a la monarquía, el 12 de abril de 1931 el gobierno en el poder -dirigido por el Almirante Aznar que sustituía al general Berenguer- tras la etapa de la dictadura de Primo de Rivera, convocó elecciones municipales para el 12 de abril de 1931. En número de concejales las elecciones las ganaron los partidos monárquicos, pero en las ciudades, la victoria fue para los republicanos. En realidad, estas elecciones, que eran simplemente municipales, fueron interpretadas por los partidos de izquierda como una especie de plebiscito entre monarquía y república. El Almirante Aznar ante esta situación exclamó: España se acostó monárquica y amaneció republicana. El pueblo de Eibar (Guipuzcoa) fue el primero en proclamar el día 14 de abril la II República (a las 6 de la mañana). El rey Alfonso XIII, haciendo en cierto sentido dejación de sus funciones, y bajo el argumento de que así deseaba evitar una guerra civil, abandonó España dirigiéndose al exilio en Francia.

La II República fue recibida en un ambiente de euforia y de esperanza. Pero un mes después, en Madrid, un grupo de exaltados saquea e incencia varios edificios religiosos. El gobierno no toma medidas ante estos actos anticlericales, que se extienden por otras ciudades españolas. Después de tres días de violencia , más de un centenar de edificios religiosos han sido incendiados por todo el país. Las relaciones entre la República y la Iglesia católica no harán sino empeorar a partir de entonces.

La II República se extiende desde el año 1931 hasta el año 1936. Acabó dramáticamente: el choque de las dos Españas desembocaría en una terrible guerra civil (1936-39).

2. Las reformas políticas de la II República española

-El nuevo régimen político nacía con una clara voluntad reformadora, con el sueño de cambiar muchas cosas a la vez y en pocos años. España era por aquel entonces un país subdesarrollado, con un débil sector industrial y con un 60% de sus 23 millones y medio de habitantes dedicados a la agricultura, en un medio como era el rural, marcado por la pobreza extrema y por trabajos mal pagados. El analfabetismo campaba a sus anchas (de cada 100 españoles, 44 no saben leer ni escribir).

-El objetivo del nuevo gobierno era transformar el Estado en un sentido moderno, laico y democrático. Pero este afán reformista chocaría con la oposición de una parte del ejército; de la oligarquía económica, que veía peligrar así sus intereses; de la Iglesia, por el carácter anticlerical de muchas medidas; y de los movimientos obreros anarquistas (FAI, CNT) que consideraron estas medidas insuficientes y burguesas. El panorama político era extraordinariamente complejo con una gran diversidad de ideologías y partidos políticos que van a dar una gran inestabilidad gubernamental a este periodo histórico, restándolo eficacia: había republicanos de derecha; republicanos de izquierda; organizaciones obreras; regionalistas; partidos monárquicos; partidos carlistas; partidos de derechas contrarios a la República como la Ceda; grupos de extrema derecha como la Falange de José Antonio Primo de Rivera, etc.

Podemos dividir la II República en varias etapas:

a)Una vez proclamada la II República, se creó un Gobierno Provisional presidido por Niceto Alcalá-Zamora, un político republicano de derechas que más tarde dimitiría (octubre de 1931) por el sesgo anticlerical que estaba tomando la II República. Alcalá-Zamora convocó elecciones a Cortes el 28 de junio de 1931, en las que pudieron votar los hombres mayores de 23 años (sufragio universal masculino). Estas elecciones fueron ganadas por los republicanos-socialistas que formaron un gobierno presidido por Manuel Azaña, siendo el Presidente de la República Niceto Alcalá Zamora. Se inició así el llamado Bienio Republicano-socialista (1931-1933), una etapa en la que los partidos de izquierda llevaron a cabo toda una serie de reformas cuyo propósito era afrontar los graves problemas de España. El marco legal de estas reformas fue la importantísima Constitución de 1931, que podemos definir como “de izquierdas”. En ella se recogían aspectos esenciales de este sistema político: Cortes unicamerales o Congreso de los Diputados; sufragio universal masculino y femenino para mayores de 23 años; el presidente de la República era elegido por las Cortes por un periodo de seis años y podía nombrar o destituir al jefe de gobierno, promulgar las leyes y disolver las Cortes, aunque su actuación estaba subordinada al poder legislativo; se reconocieron las libertades individuales y los derechos sociales y políticos tanto para hombres como para mujeres. Se estableció la libertad religiosa, la libertad de expresión, asociación, reunión; se permitió el matrimonio civil y el divorcio… La estructura del Estado era unitaria, pero se reconocía el derecho de autonomía a los municipios y regiones. Los nacionalistas reclamaron una nueva organización territorial que recogiese las aspiraciones de autogobierno pendientes desde el siglo XIX. Hubo, así, proyectos autonomistas en el País Vasco, Galicia, Valencia, Baleares, Andalucía… que se vieron frenadas por el advenimiento de la guerra civil.

b) La segunda etapa de la II República fue el Bienio derechista o conservador (1933-36), dominado por una coalición de partidos de derecha. En las elecciones de noviembre-diciembre de 1933 ganó la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) liderada por Gil Robles y el centrista Partido Radical. Revisaron toda la obra reformista del bienio republicano-socialista y en gran parte intentaron detener las reformas de la etapa anterior.

En esta etapa hubo momentos críticos como la revolución de octubre de 1934 en Asturias, llevada a cabo por parte de comunistas, anarquistas y socialistas. La gravedad de los enfrentamientos y la brutalidad de la represión fueron un antecedente de la guerra civil. Fue fue duramente reprimida.

c) Finalmente, la última etapa de la II República coincide con el triunfo electoral de febrero de 1936 de una nueva coalición de izquierdas llamada el Frente Popular (PSOE, PCE, UGT…). Fue una etapa de gran inestabilidad en la que se produjo un levantamiento militar –con la participación del general Franco en julio de 1936- con el resultado de una tremenda guerra civil (1936-1939).

3. Las reformas económicas de la II República española

-Durante la II República la economía no vivió su mejor momento: se produjo una gran crisis económica a nivel mundial, que surgió en gran parte con el crack de Nueva York de 1929 y que afectaría a España, desestabilizando la economía y la sociedad, lo que incrementó los problemas del nuevo régimen. El desempleo va a ser en esta etapa uno de los problemas más graves, como la situación agraria que se pretende solucionar mediante reformas. La España de los años treinta fue, más que nunca, la de un gran “hambre” de tierra y trabajo.

Reforma agraria

Durante el bienio republicano-socialista se intentó realizar una profunda reforma agraria. En 1932 se aprobó en el parlamento la Ley de Reforma Agraria, con la oposición de los partidos de derechas.

Los objetivos de esta reforma fueron tres:

a) Objetivo social: entregar tierras a los campesinos a fin de obtener su apoyo para afianzar el recién nacido régimen republicano y al mismo tiempo evitar conflictos y revueltas sociales en las zonas rurales. Terminar con los latifundios.

b) Objetivo político: eliminar el poder económico de los grandes terratenientes en su inmensa mayoría monárquicos.

c) Objetivo económico: incrementar la producción total del sector agrario y elevar el nivel de renta del campesinado que aumentaría sus niveles de consumo y estimularía así el desarrollo de las actividades industriales y comerciales españolas.

La Ley de la reforma agraria establecía la expropiación, sin indemnización de las tierras de los Grandes de España, y con indemnización, de las grandes fincas no cultivadas directamente por los propietarios, las tierras deficientemente cultivadas y las no regadas en zonas de regadíos. Pero la división de opiniones sobre este tema por parte de los partidos, la oposición de los propietarios afectados, la complejidad de la ley, la falta de presupuesto para pagar las indemnizaciones, las carencias técnicas y organizativas se tradujeron en la ineficaz aplicación de la reforma, lo que provocó el descontento del campesinado. Además, en la etapa del bienio derechista (1934-1936), se paralizó esta reforma agraria y se devolvió a los Grandes de España las propiedades que les confiscara el gobierno republicano-socialista.

4. Las reformas sociales de la II República

Reforma educativa

Durante el bienio republicano-socialista se intentó reformar profundamente el sistema educativo español. Faltaban tantas escuelas y maestros como los que en ese momento había. Así, se incrementó en un 50% el dinero destinado a gastos educativos, construyéndose 13.500 escuelas para luchar contra el analfabetismo. Se centraron mucho en las escuelas primarias, impulsándose proyectos pedagógicos innovadores. Surgieron Misiones Pedagógicas para llevar la instrucción y cultura a los pueblos. Se mejoró la enseñanza secundaria y se potenció la investigación universitaria. Hay que recordar que en la Constitución de 1931 se declaró la escuela primaria obligatoria, gratuita y mixta. Pero, una vez más, la falta de fondos hizo difícil llevar a buen término una reforma educativa en condiciones.

Reforma religiosa (anticlerical)

Durante el bienio republicano-socialista (1931-33), el gobierno pretendió eliminar el poder y la influencia social de la Iglesia, lo cual enfureció a los católicos. Según la Constitución de 1931: el Estado se declaró no confesional, estableciéndose la separación Iglesia-Estado, instaurándose un régimen laico. Se prohibió además a las órdenes religiosas ejercer la enseñanza. Sólo se permitía el culto privado, por lo tanto para llevar a cabo ceremonias religiosas públicas se exigía autorización gubernamental. Se suprimió la obligatoriedad de la enseñanza religiosa en los colegios, la eliminación de los crucifijos en las escuelas e incluso obligaron a la orden de la Compañía de Jesús (jesuitas) a disolverse y se confiscaron todos sus bienes. La cuestión religiosa se convirtió así en un grave problema que acentuó el enfrentamiento entre los españoles. El anticlericalismo está en la base de todas estas medidas.

Reforma militar

-La necesaria transformación de las fuerzas armadas fue impulsada durante el bienio republicano-socialista por Manuel Azaña. Fue una tarea muy espinosa. El objetivo era doble: someter al ejército al poder civil gubernamental y en segundo lugar reducir el número de oficiales (de 21.000 a 8.000) para ajustarlo a las necesidades reales y a la capacidad presupuestaria del país. Hay que recordar que el ejército era sospechoso de devoción a la monarquía. Pretendían así asegurar la lealtad del ejército a la República y racionalizar su estructura organizativa para hacerla más eficaz. Se acusó a Azaña de querer “triturar al ejército” y muchos verán en este político el origen de sus males y desprestigio. Así, los militares fueron arrinconados social e ideológicamente. La reforma militar fue mal recibida por un sector del ejército.

5. Conclusión

La II República española se instauró en 1931 y se prolongó hasta el año 1936. Durante esta etapa se emprendió toda una serie de reformas necesarias para democratizar y modernizar España, a pesar de la desfavorable coyuntura internacional, dominada por la crisis económica y la ascensión de regímenes políticos totalitarios: comunismo, fascismos y desde 1933 el nazismo alemán.

En conclusión, diríamos en palabras de F. García de Cortázar que la Dictadura de Primo de Rivera había gobernado sin reformar mientras que los republicanos quisieron reformar e innovar pero gobernaron dificultosamente.

martes, 26 de abril de 2011

CONTROVERTIDO JUAN NEGRÍN


Reproduzco por su interés, un texto sobre Juan Negrín, controvertido político canario que tuvo un destacado papel durante la II República y la Guerra Civil, hasta el punto de convertirse, en palabras del hispanista Stanley G. Payne en el personaje más odiado, terminada la guerra civil española.

Zapatero rehabilita a Negrín en el PSOE
Expulsado del partido a finales de 1945 como traidor entregado al PCE y a la Unión Soviética

El 37 congreso federal del PSOE, celebrado el 4, 5 y 6 de julio de 2008 en Madrid, ha rehabilitado a Juan Negrín. Negrín (Las Palmas, 1892-París, 1956) fue expulsado del Partido Socialista en 1946 bajo la acusación de haberse sometido a los comunistas.

La suspensión como militantes de Negrín y Álvarez del Vayo ya las había declarado en marzo de 1939 la Agrupación Socialista Madrileña gracias a la insurreció del coronel Casado.

Fueron expulsados mediante una nota publicada en El Socialista el 23 de abril de 1946, poco antes de la celebración de un congreso en el exilio, el congreso de Toulouse de mayo de 1946. Además de a Juan Negrín afectó a Julio Álvarez del Vayo; Ramón Lamoneda; Ramón González Peña; Jerónimo Bujeda; Juan Simeón Vidarte; Matilde de la Torre; Gabriel Morón; Amaro del Rosal; Ángel Galarza, Max Aub...

Los 36 expulsados en el congreso de Toulouse (mayo de 1946) fueron acusados de criptocomunistas, de caballos de Troya de Rusia

En junio de 1937, la renovación de cargos en la comisión ejecutiva del PSOE enfrenta a Peña y a Largo Caballero. El asturiano obtiene 12.088 votos, y Caballero, 10.624. Peña se hace con la presidencia y será también secretario de UGT cuando «Largo es expulsado del sindicato por no dar apoyo al Gobierno de Negrín, que en mayo 1937 sustituía a aquél como presidente del Gobierno», dice Moradiellos, que añade que «en ese momento, los prietistas se han vuelto negrinistas: Vidarte, Zugazagoitia, Lamoneda, González Peña...».

GABRIEL SANZ. MADRID. 22.06.2008

El PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero rehabilita dentro del partido la figura del que fue el último presidente del Consejo de Ministros de la II República, Juan Negrín (1892-1956). Negrín fue expulsado a finales de 1945 por considerarle un traidor «entregado» al PCE y a la Unión Soviética de Stalin. Fue depurado por la dirección del PSOE en el exilio, que nunca le perdonó lo que consideró una política de resistencia sin sentido, Negrín es el gran olvidado del socialismo posterior a la Guerra Civil. Un alto cargo del partido reconocía de forma gráfica sobre la decisión de rehabilitarle que «esto no sería posible si todavía viviera Ramón Rubial», el histórico presidente del PSOE, contemporáneo de Indalecio Prieto y de Rodolfo Llopis, artífices de la expulsión.

El olvidado de la democracia

Llegada la democracia se abatió sobre su figura un tupido manto de silencio propiciado por un PSOE poco interesado en recordar sus enfrentamientos pasados. Hasta que hace dos años, en el cincuentenario de su muerte, empezó a salir del olvido. Ahora, coincidiendo con el XXXVII Congreso, se quiere rehabilitar su figura. Y se pretende hacerlo sin levantar ampollas entre los pocos veteranos de guerra que pueden quedar en el PSOE, para los cuales es un tema tabú. El propio secretario de Organización, José Blanco, hablará con ellos personalmente para explicarles que la decisión no tiene que ver con los hechos que se vivieron en aquella España sino con la evidencia de que la reconciliación debe empezar en casa. Nacido en Canarias en el seno de una familia acomodada, Juan Negrín marchó a estudiar a Alemania, donde se tituló en Medicina con veinte años. Poco después, ya casado con María Fidelman Brodski (una rusa de familia judía) y establecido de nuevo en España, se ocupó de la organización de un laboratorio en la Universidad Central de Madrid, la actual Complutense. Su primer contacto con la política activa llega en 1929, cuando se afilia al PSOE. Fue elegido diputado en las Cortes constituyentes de la II República en 1931, y reelegido en 1933 y en las elecciones del Frente Popular, en 1936. Cuando el presidente de la República, Manuel Azaña, nombra a Francisco Largo Caballero presidente del Consejo de Ministros, el 4 de septiembre de 1936, ya en plena guerra, éste encomienda a Negrín el Ministerio de Hacienda. Fue él quien tomó la decisión de enviar a la Unión Soviética las reservas de oro del Banco de España (cuatrocientas sesenta toneladas equivalentes, aproximadamente, a unos cinco mil millones de euros de hoy). Tras los enfrentamientos a tiros en Barcelona en mayo de 1937 de la CNT y el POUM, que pretendían hacer la revolución en la zona republicana, con las tropas de la Generalitat y los milicianos del PCE, que priorizaban el combate contra las tropas de Franco, los socialistas de Prieto, los republicanos de Azaña y el PCE fuerzan la salida de Largo Caballero, y Negrín es nombrado el día 17 de ese mes de mayo de 1937 presidente del Consejo de Ministros. La victoria se presentaba ya entonces muy difícil para el bando republicano, pero se trazó como misión cohesionar el Frente Popular y la retaguardia y articular un programa de acción que agrupase a las dispersas y enemistadas fuerzas republicanas.

Punto de inflexión

Juan Negrín nombra a Prieto ministro de la Guerra, pero éste dimite en 1938, disconforme con la política del Gobierno. Todo el PSOE, el del ala más moderada de Julián Besteiro, los partidarios de Prieto y el ala izquierda de Largo Caballero, que hasta entonces apoyaba como uno solo a Negrín, empezó a oponérsele porque veía que su status de principal partido de las izquierdas del Frente Popular se debilitaba en el gobierno a favor del PCE. Después de la caída de Cataluña, Negrín pasó a Francia el 8 de febrero de 1939, volvió a España aquel mismo día, con la intención de proseguir la resistencia en la zona centrosur. El 5 de marzo de 1939, el coronel Casado, apoyado por gran parte del PSOE, la CNT, Izquierda Republicana y Unión Republicana se sublevó contra el intento de Negrín de seguir oponiendo resistencia a Franco sin sentido. Viéndose derrotado internamente, Negrín regresó a Francia al día siguiente, 6 de marzo. Ya no volvió. Siete años después, la edición de «El Socialista» fechada el 23 de abril de 1946, da cuenta de su expulsión del PSOE, que ahora Zapatero quiere revocar. Junto a Negrín, otros trece diputados socialistas a Cortes, como Julio Álvarez del Vayo (ministro de Estado con Negrín y quien realmente llevó la peor parte en las acusaciones de criptocomunista), González Peña o Ramón Lamoneda, son expulsados. La decisión se fraguó a finales de 1945 en una Ejecutiva en el exilio dominada por Prieto y Llopis. Pero, como dijera para defenderse el propio Álvarez del Vayo muchos años después, «la «influencia soviética» en España fue resultado, en gran parte, del hecho de que, mientras todo el mundo se empeñaba en negarnos el derecho legal de adquirir armas para nuestra defensa, Rusia nos restableció en ese derecho (...) Si los Gobiernos francés, inglés y americano hubiesen querido realmente contrarrestar la «influencia soviética», no tenían más que haber hecho otro tanto».

Fuente: www.hispanidad.info

domingo, 10 de abril de 2011

La Segunda República, la Edad del Odio

Interesante artículo sobre la II República hoy en el ABC

Segunda República, la edad del odio

Ochenta años después, un grupo de historiadores responsabiliza de aquel fracaso a las derechas y las izquierdas, incluido el PSOE de Largo Caballero

Día 10/04/2011 - 03.14h

Hacia 1930 estaba cada vez más claro que el optimismo y las ilusiones de una nueva belle epoque no parecían muy justificados. De hecho, de forma gráfica Niall Ferguson ha utilizado la expresión «Edad del odio» para calificar el período comprendido entre las dos guerras mundiales \[...\] Después de la Gran Guerra casi ningún país escapó a esos cambios, un proceso caracterizado por George Mosse como brutalización de la política.. Las violencias partidistas se multiplicaron en el difícil contexto de transición de la guerra a la paz. Finalizadas las hostilidades, la guerra se prosiguió de otra forma. Los lenguajes bélicos se mantuvieron en vigor así como el deseo de aniquilar totalmente al adversario. \[...\]

Ciñéndonos a la República, aunque de tarde en tarde se glorifique el mito, esta experiencia democrática y sus élites rectoras tuvieron muy poco de modélicas, hasta el punto de que sólo de forma forzada se les puede considerar antecesoras de la democracia española actual \[...\]. Más allá de los avances que impulsó (la extensión del sufragio a las mujeres, las reformas sociales, la ampliación de los derechos ciudadanos a las capas populares, la política educativa...) dejó mucho que desear como régimen pluralista basado en el pacto y en el consenso. En este aspecto, tuvieron una gran responsabilidad, qué duda cabe, las fuerzas políticas y sociales que no se identificaron con el proyecto democratizador iniciado en 1931 \[...\]. Salvo excepciones individuales más bien contadas, los grupos políticos que nutrieron ese abundante caudal autoritario (monárquicos tradicionalistas, católicos corporativos, fascistas) no miraron a la democracia como punto de llegada \[...\].

«La República es nuestra»

Pero la República no sólo encontró obstáculos en su flanco derecho. La puesta en cuestión de esta democracia también partió del universo —igualmente plural— de las izquierdas, en particular de las izquierdas revolucionarias. Los comunistas, que eran pocos, y sobre todo los anarcosindicalistas le declaron la guerra a la República prácticamente nada más nacer. De hecho, hasta 1934 el principal escollo interpuesto en el camino de la democratización fueron los segundos. Su protagonismo antidemocrático durante esas fechas fue mucho más importante que los impulsos desestabilizadores lanzados desde el mundo conservador. \[...\]

Para los socialistas, aunque no fuera su modelo ideal, la República únicamente habría de ser para ellos y para los republicanos, y por lo tanto sólo ellos deberían ser sus exclusivos gestores. Dado su carácter «revolucionario y popular», el nuevo régimen solamente podía ser administrado «por los genuinos representantes de ese pueblo que lo había traído». En consecuencia, sus enemigos y opositores quedaban automáticamente fuera del hecho fundacional. El manifiesto lanzado a los pocos días del 14 de abril por las ejecutivas socialistas no dejaba ningún resquicio a la duda: «Esta República española que ahora empieza, y de la cual hemos de ser nosotros guardianes vigilantes, es algo esencialmente nuestro porque a nuestro calor ha nacido y a nuestro calor ha de afirmarse y perfeccionarse en el futuro \[...\].

Bajo tales presupuestos se entiende que los socialistas no concibieran la democracia republicana como una democracia pluralista, liberal y representativa en la que se sintieran cómodos todos los españoles, sino como una democracia revolucionaria forjada, siquiera parcialmente, a su imagen y semejanza. Su discurso subrayaba que sólo los que hubieran aceptado esa legitimidad revolucionaria de origen podrían estar legal y constitucionalmente capacitados para ejercer el poder y ser investidos con la consideración de fuerzas leales. Así, desde su particular interpretación la República echaba a andar como un sistema que excluía a sus adversarios, que castigaba —o en el mejor de los casos restringía— la disparidad de opiniones, supeditando la libertad individual al progreso colectivo de la sociedad. \[...\]

El solo hecho de que Acción Nacional se presentara a las elecciones para intentar llevar diputados a las Constituyentes era un gesto que les parecía inconcebible, pues al fin y al cabo no representaban a nadie. Eran «la España leprosa», cuya carroña había soterrado para siempre «el verdadero pueblo que trabaja y estudia, que sufre y ama». El despliegue de insultos con el que se recibió el retorno de los católicos al escenario político sorprende tanto por su riqueza expresiva como por su implacable ferocidad e ironía. Baste un ejemplo entre mil del periódico «El Socialista» (27-5-1931): «¡Ya viene, ya viene! [...] la turba de alimañas, de raposas, de avechuchos, de sabandijas, de vampiros, de cuervos, de garduñas, de lechuzas, de reptiles, de chacales, de hienas y demás animales y animánculos dañinos que infectaron el país hasta el advenimiento de la República, torna ahora en infernal algarabía de graznidos, chillidos, aullidos, silbidos y rugidos». \[...\]

A la agresión con la agresión

Desde principios del verano de 1933 numerosos círculos socialistas empezaron a acariciar en voz alta la idea de la dictadura del proletariado. Aunque la cosa estaba en el ambiente, el aldabonazo en el giro revolucionario del socialismo lo dieron los famosos pronunciamientos públicos de Largo Caballero, que se sucedieron sin solución de continuidad desde el mes de julio. El entusiasmo con el que recibió la llegada de la República en 1931 se esfumó ahora como por ensalmo. \[...\] En una entrevista con Santiago Carrillo a finales de septiembre, Largo Caballero se explayó con la sincera rudeza que le caracterizaba, exponiendo a los lectores el núcleo más antidemocrático de su pensamiento: «Yo no sé cómo hay quien tiene tanto horror a la dictadura del proletariado, a una posible violencia obrera. ¿No es mil veces preferible la violencia obrera al fascismo?» En los doce meses siguientes, tanto de puertas afuera como en privado, se continuó hablando sin respiro de la amenaza fascista —sin especificar muy bien qué era eso—, de la obligación de estar alerta y de la necesidad de armarse para hacer la revolución. \[...\].

Tras la caída del Gobierno Azaña a principios de septiembre y su recambio por un Gobierno Lerroux, la escalada verbal adquirió tonos casi apocalípticos. Dado que el «derrengado carro de la democracia republicana» les había expulsado «con vilipendio» del poder, abriendo la puerta al «fascista» Lerroux, no quedaba otro camino que conquistarlo «de la forma que sea» para «realizar la necesidad histórica de nuestros días: la dictadura socialista que gobierne para el proletariado». Las posiciones de los caballeristas fueron ganando peso por doquier, hasta el punto que casi todos los socialistas —con la salvedad del grupo de Besteiro— acabaron por hacerlas suyas. \[...\]

La aplastante victoria de las derechas y el centro exasperó a los socialistas y borró de su discurso cualquier resto de respeto a la legalidad constituida. Lo de menos era que ellos se hubieran implicado a fondo en su construcción mientras formaron parte del Gobierno. No aceptaron la derrota y se mostraron dispuestos a vulnerar las reglas del juego democrático. En sus esquemas ideológicos no se contempló como algo normal la alternancia en el ejercicio del poder. Se evidenciaba así, pues, que para los socialistas república no era igual a democracia. \[...\] El único sector socialista que se opuso a estos planes fue el representado por los dirigentes besteiristas que todavía controlaban la UGT. \[...\] Se desmarcaron claramente de los objetivos insurreccionales. En una reunión del Comité Nacional de la UGT celebrada el 13 de diciembre a puerta cerrada, Saborit negó que sobre la República recayese una verdadera amenaza fascista: «¿Se trata de que hay un peligro inmediato de fascismo? Yo digo que eso seriamente no hay quien lo diga [...]»

En abril de 1934, las Juventudes Socialistas ratificaron en un congreso su apuesta por la insurrección armada y la dictadura del proletariado. Al tiempo que dieron por agotado el «régimen burgués», desarrollaron una organización militar propia que conllevó el acopio de armas y el adiestramiento de los militantes en muchos sitios. En aquel congreso, lejos de atemperar sus encendidos ánimos, Largo Caballero —líder indiscutible ya de los socialistas— les animó a crear un «ejército revolucionario», a seguir el camino de la violencia y a adueñarse «íntegramente» del poder político «como sea», al margen de las «instituciones burguesas»: «tengo que manifestar que la revolución no se hace con gritos de viva el socialismo [...]. Se hace violentamente, luchando en la calle con el enemigo».

jueves, 10 de marzo de 2011

Interesante crítica a la película sobre Clara Campoamor

La ha escrito el sagaz Santiago González en su blog. Aquí lo tenéis:

La memoria y la historia

Ayer, la Uno emitió una película de producción propia sobre una mujer que fue, en mi opinión, el mejor personaje de todos los que dio la Segunda República Española: Clara Campoamor, la mujer olvidada. Fue una grata sorpresa. la película, dirigida por Laura Mañá, cuenta con bastante fidelidad a los hechos la gesta de la mujer cuya determinación y empeño consiguió implantar el voto para las mujeres. Está bien hecha, bien narrada, muy bien ambientada y su personaje principal encarnado por una espléndida Elvira Mínguez.
Confieso que me temía lo peor. La televisión vasca, ETB, había anunciado el estreno, como "la lucha de la diputada socialista"; en este blog ya trajimos a colación una mixtificación, probablemente hecha desde la ignorancia, no desde la mala fe, por la entonces ministra de Igualdad, Bibiana Aído. Pero estuvo bien, como digo.

La película termina en el gran momento de triunfo de Campoamor, cuando saca adelante en las Cortes el voto de las mujeres, sin dilaciones ni retrasos. Hay en ello una paradoja notable: el voto femenino es aprobado contra los votos de la izquierda. Indalecio Prieto lo calificó de "puñalada trapera a la República". De las tres mujeres con escaño en las Cortes de 1931 se opusieron dos: la radical-socialista Victoria Kent y la socialista, Margarita Nelken, una Leire Pajín con más lecturas y educación esmerada. La izquierda, ya entonces, dejaba los principios por las conveniencias y argumentaba que el voto de las mujeres estaba en manos de sus confesores, si bien hubo diputados socialistas que apoyaron la propuesta de la diputada radical madrileña. Por el mismo prejuicio, fue aprobado con los votos de la derecha.

Hay una segunda parte de la historia que también tiene su interés, apenas apuntada por los títulos finales: la carrera parlamentaria de Clara Campoamor acabó en su primera legislatura, 1931-1933. La izquierda culpó al voto femenino de la pérdida del Gobierno por la coalición republicano-socialista. No pensó, por ejemplo, que algo podría tener que ver el escándalo de Casas Viejas, donde la Guardia de Asalto mató en su choza al anarquista Seisdedos y a toda su familia. Nadie quiso incluirla en las listas en 1933, ni en febrero de 1936, en las listas del Frente Popular. La expresión "la Guerra Civil condujo a muchos republicanos al exilio, entre ellos a Clara Campoamor", puede contribuir a sostener el error Aído que habló de su exilio "en la larga noche franquista", omitiendo, ya digo, que cuando salió de Madrid y de España lucían las amables mañanas republicanas. Clara Campoamor se fue al exilio en septiembre de 1936, por temor a ser asesinada en el Madrid de las noches milicianas. Después, cuando viajaba desde Marsella a su exilio bonaerense, estuvo a punto de ser entregada a los franquistas por el Gobierno de Vichy. Fue una de tantas españolas a las que los dos bandos aspiraban a helarle el corazón.

Hace falta una segunda parte de esta vida ejemplar, que podría basarse en dos libro suyos muy recomendables: 'Mi pecado mortal: el voto femenino' y 'La revolución española vista por una republicana'.
Justificar a ambos lados


viernes, 18 de febrero de 2011

La curiosa historia del voto femenino en España


Extractos de la estupenda web: http://www.almendron.com/historia/contemporanea/sufragismo/sufragismo_3.htm

El Gobierno provisional, en un decreto de 8 de mayo de 1931, concedió el voto a todos los hombres mayores de veintitrés años y declaró que las mujeres y los curas podían ser elegidos para ser diputados. En las elecciones celebradas en junio de aquel año fueron elegidas dos mujeres diputadas, Clara Campoamor (Partido Radical) y Victoria Kent (Izquierda Republicana): dos mujeres de un total de 465 diputados. A finales de aquel mismo año otra mujer diputada, Margarita Nelken (Partido Socialista), ingresó en las Cortes. De las tres, Clara Campoamor, abogada, fue la más asidua defensora de los derechos de la mujer y desempeñó un papel importante en el debate acerca del sufragio femenino.

(…)

El anteproyecto sólo había dado el voto a la mujer soltera y a la viuda, propuesta que defendió A. Ossorio Gallardo sobre la curiosa base que, hasta que los maridos estuviesen preparados para la vida política, el sufragio femenino podía ser una fuente de discordia doméstica. En general, sin embargo, la oposición a conceder el voto a la mujer, casada o soltera, estaba basada en el temor a que no estuviese todavía lo suficientemente independizada de la Iglesia y su voto fuese en su mayor parte derechista, poniendo así en peligro la existencia misma de la República. Aunque Jiménez de Asúa compartía dicho temor, pensaba que la conveniencia política no debía justificar que se negase un derecho legítimo que sería utilizado juiciosamente por aquellas mujeres económicamente independientes y conscientes de sus responsabilidades sociales. Otros estaban estaban menos dispuestos a aceptar el riesgo. Los republicanos de izquierda, radicales y radicales-socialistas fueron los que más se opusieron. Los radical-socialistas presentaron una enmienda el 1 de septiembre de 1931 para restringir los derechos electorales exclusivamente a los hombres. Al día siguiente, el doctor Novoa Santos proporcionó argumentos biológicos para dar fuerza a los argumentos de conveniencia política: a la mujer no la dominaban la reflexión y el espíritu crítico, se dejaba llevar siempre de la emoción, de todo aquello que hablaba a sus sentimientos; el histerismo no era una simple enfermedad, sino la propia estructura de la mujer. El 30 de septiembre, cuando se volvió a discutir la cuestión, se echó mano del ridículo para complementar a la biología. Hilario Ayuso entretuvo a la concurrencia con un discurso trivial en defensa de una enmienda de Acción Republicana que proponía que les fuesen concedidos los mismos derechos electorales a los hombres mayores de veintitrés años y a las mujeres mayores de cuarenta y cinco, basándose en que la mujer era deficiente en voluntad y en inteligencia hasta cumplir dicha edad. Al entrar en el Congreso le salieron al paso las mujeres de la ANME, que estuvieron presentes en todos los debates y distribuyeron octavillas entre los diputados conminándoles a apoyar el sufragio femenino. Los radicales propusieron una enmienda con el fin de que se omitiera la palabra mismos en el artículo que rezaba: Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes. Guerra del Río, defensor de la moción, arguyó que tal modificación permitiría a las Cortes conceder el voto a la mujer en una ley lectoral que podría ser revocada si la mujer votaba por los partidos reaccionarios. La enmienda fue rechazada (153 en contra, 93 a favor), pero los radicales y radical-socialistas que habían votado sin someterse a la disciplina de partido pronto se arrepintieron, y El Heraldo (1 de octubre de 1931) recogía los rumores de un intento de última hora de pactar con los socialistas: Probablemente se satisfará el deseo de los socialistas de conceder el voto masculino desde los veintiún años y, a cambio de eso, se condicionará el voto a la mujer. Los socialistas rechazaron el pacto y el debate continuó al día siguiente. El hecho de que Clara Campoamor defendiera el sufragismo femenino y de que Victoria Kent se opusiera provocó muchas burlas. Azaña describió la sesión como muy divertida. Informaciones (1 de octubre de 1931) comentaba dos mujeres solamente en la Cámara, y ni por casualidad están de acuerdo, y La Voz (2 de octubre de 1931) preguntaba medio en broma medio en serio: ¿qué ocurrirá cuando sean 50 las que actúen?. En el debate del día 1 de octubre de 1931, Victoria Kent propuso que se aplazara la concesión del voto a la mujer; no era, decía, una cuestión de la capacidad de la mujer, sino de oportunidad para la República. El momento oportuno sería al cabo de algunos años, cuando las mujeres pudiesen apreciar los beneficios que les ofrecía la República. Clara Campoamor replicaba diciendo que la mujer había demostrado sentido de la responsabilidad social, que el índice de analfabetos era mayor en los hombres que en las mujeres y que sólo aquellos que creyesen que las mujeres no eran seres humanos podían negarles la igualdad de derechos con los hombres. Advirtió a los diputados de las consecuencias de defraudar las esperanzas que las mujeres habían puesto en la República: No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la Dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza está en el comunismo. Guerra del Río aplaudió los sentimientos expresados por Clara Campaomor, quien, según él, servía de portavoz de lo que siempre fue, es y será mañana ideal del Partido Republicano Radical: la igualdad absoluta de derechos para ambos sexos. Sin embargo, siguió diciendo, los radicales pensaban que era prematura la inmediata concesión del voto a la mujer, y por tanto votarían en contra. Ovejero, en nombre de los socialistas, dijo que, aunque sabían que existía la posibilidad de perder escaños en las próximas elecciones, eso no tenía importancia comparado con la educación política de la mujer española; querían el sufragio femenino para llamar a la conciencia de la mujer y convertirla en cooperadora eficaz del resurgimiento español. Cuando el artículo 34 - que establecía la equiparación de derechos electorales para los ciudadanos de uno y otro sexo mayores de veintitrés años - fue finalmente aprobado por 161 votos a favor y 121 en contra, se produjo un clamor: La concesión del voto a las mujeres, acordada ayer por la Cámara, determinó un escándalo formidable, que continuó luego en los pasillos. Las opiniones eran contradictorias. El banco azul fue casi asaltado por grupos de diputados que discutían con los ministros y daban pruebas de gran exaltación. (La Voz, 2 de octubre de 1931). Votaron a favor: el Partido Socialista (con alguna sonada excepción como la de Indalecio Prieto), la derecha y pequeños núcleos republicanos (catalanes, progresistas y Agrupación al servicio de la República); en contra, Acción Republicana, y los radical-socialistas y radical (con la excepción de Clara Campoamor y otros cuatro diputados).
Indalecio Prieto, quien había intentado persuadir a sus compañeros socialistas de votar en contra del artículo o abstenerse de votar, gritó que aquello era una puñalada trapera para la República. Los radical-socialistas declararon que ya no harían más concesiones en la cuestión de las relaciones entre la Iglesia y el estado y amenazaron con no dejar un cura vivo en España. Una táctica que Marañón describió como una confesión de cobardía y de falta de autoridad en los políticos de izquierda sobre sus mujeres e hijas (El Heraldo, 2 de octubre de 1931). Como si se quisiese asegurarse de que no faltara ningún elemento de la farsa grotesca en este esperpento de la vida real, El Sol (2 de octubre de 1931) informaba así de la aprobación del artículo 34: La galantería logró un triunfo indiscutible. Virtud española que perdura, para bien del "qué dirán", pese a ciertos jacobinismos que nos sacuden. Pase lo que pase - hay quien asegura otro 14 de abril al revés - resultará lindo que los poetas del futuro canten en sonetos a este 1931, en que los hijos de España se jugaron a cara y cruz un régimen por gusto de sus mujeres. El triunfo del 1 de octubre, sin embargo, no fue definitivo. En la sesión del 1 de diciembre, Peñalba (Acción Republicana) propuso una enmienda que permitiría a las mujeres votar en las elecciones municipales, pero no en las nacionales hasta que los ayuntamientos se hubiesen renovado por completo. Si la enmienda hubiese prosperado, las mujeres se habrían quedado todavía sin voto en 1936. El último intento se produjo en diciembre de 1932 cuando el gobierno anunció su intención de convocar elecciones parciales para cubrir las vacantes en Cortes. Finalmente, las elecciones parciales no llegaron a producirse.
Las primeras elecciones en las que participaron las mujeres fueron las de 1933, e inevitablemente se les echó la culpa de la victoria de la derecha. Era, sin embargo, una conclusión superficial. Aún aceptando que una parte del electorado femenino hubiera podido influir en el resultado favorable a las derechas de los comicios del 33, si se sumaban todos los votos de izquierda emitidos en esas elecciones todavía superaban a los de los conservadores. Se trataba sobre todo de un problema de estrategia y unidad, como se encargaría de demostrar las elecciones de febrero de 1936 con el triunfo del Frente Popular.
En todo caso, las tesis sufragistas acababan de anotarse un triunfo en España. La concesión del voto, como la del divorcio, fueron logros de la mujer en el periodo republicano, pero logros tan efímeros como el propio régimen que los había posibilitado. La Guerra Civil y el nuevo Estado impuesto tras la victoria de las fuerzas franquistas el 1 de abril de 1939 darían al traste con todo lo conseguido. Habría que esperar al cierre de ese largo paréntesis de 40 años para que las mujeres recuperaran el punto de partida que significó la conquista del voto en 1931.


Clara Campoamor, visionaria e imprescindible, síntesis de la tercera España

Reproduzco integramente por su interés, este articulo de José Carlos Rodríguez sobre Clara Campoamor:

UNA VOZ HONESTA POR CASI TODOS SILENCIADA

Clara Campoamor, republicana y liberal

Por José Carlos Rodríguez

Clara Campoamor.
Republicana, liberal y feminista. Las tres cosas fue honestamente Clara Campoamor, por una u otra causa silenciada o deformada por la izquierda y la derecha. Hay, de todas formas, muchas más razones para leer su notable testimonio La revolución española vista por una republicana
La Campoamor saludó con ardor la llegada de la II República, en la que había puesto sus esperanzas para la modernización y el progreso de España. Pero no se limitó a ser espectadora de los acontecimientos. Mujer hecha a sí misma, se convirtió en una jurista de prestigio, primero, y en una eficaz política, después, que lograría nada menos que el voto femenino en España, frente a una numerosa oposición de izquierda y derecha. Andando el tiempo dedicará a tal acontecimiento un libro irónicamente titulado Mi pecado mortal.

Sabemos cómo acabó aquella República. Para Campoamor, se trató de un fracaso de los españoles y una inmensa oportunidad perdida. Ella, en cambio, no quiso perder la suya de escribir un dictamen netamente republicano y liberal sobre tal periodo. Ese dictamen es este libro, La revolución española vista por una republicana, que escribió entre octubre y noviembre de 1936, es decir, en plena guerra. Ahora bien, no es otro libro de memorias de guerra, sino un análisis político de primer orden.

Campoamor lo escribió en francés, y Luis Español lo ha traducido a nuestro idioma y publicado en una edición "ampliada y revisada". He aquí el fruto de largas reflexiones, de una escritura apresurada y no exenta de errores. Español complementa el texto con numerosas notas en las que aporta información precisa y pertinente, en ocasiones para refrendar o redondear las afirmaciones de la autora y en otras para señalar que doña Clara ha cometido tal o cual error.

Nuestros lectores apreciarán, a buen seguro, este texto. No es ya, como señala Español en la introducción, que Campoamor insista en entender 1934 como "antecedente directo" de 1936, con lo que coincide en su análisis con "las exitosas obras de Pío Moa en los últimos años": es que su veredicto está cargado de juicios a la vez honestos, severos y, algunos de ellos, visionarios.

Campoamor nos advierte de que ya desde mayo se habían impuesto en Madrid "definitivamente" los métodos anarquistas, y que la situación era "caótica": "Los obreros comían en los hoteles, restaurantes y cafés" de balde, y "las mujeres de los trabajadores hacían sus compras en los ultramarinos sin pagarlas, por la buena razón de que les acompañaba un tiarrón con un elocuente revólver". Otro trazo de aquel Madrid ya casi revolucionario nos lo dan "las cinco o seis bombas de dinamita que cada día los huelguistas colocaban en edificios en construcción".

Los republicanos, los mismos que se las daban de custodios exclusivos del régimen, fueron cediendo el Estado a las izquierdas más extremas. Las consecuencias de todo ello no se le escapaban a doña Clara: Azaña, con quien es muy crítica, les facilitó "la introducción pacífica de la dictadura del proletariado". Y afirma: "Si ese era el acontecimiento a que los sublevados querían adelantarse, su preocupación no carecía de fundamento y esa idea de adelantarse a la revolución comunista se hace más clara".

Clara Campoamor.El deslizamiento del poder desde los republicanos a la extrema izquierda sólo podía acabar de un modo: "Se vislumbra con demasiada claridad que el triunfo del Gobierno no será el triunfo de un régimen democrático", sino el triunfo de los "extremistas"; con dos únicos resultados posibles: "Se disputarían el poder y la gloria de instaurar en el país regímenes opuestos: el comunismo bolchevique o el libertarianismo anarquista".

Campoamor sabía del carácter heterogéneo de los dos bandos en lucha. Por eso era inmune a la propaganda del suyo: "¿Fascismo contra democracia? No, la cuestión no es tan sencilla, [pues] hay al menos tantos elementos liberales entre los alzados como anti demócratas en el bando gubernamental". Por lo que se refiere a los alzados, sólo ve factible un régimen "lo suficientemente fuerte como para imponerse a todos, y [ese régimen] sólo puede ser una dictadura militar".

La descomposición de la República –verá en la entrega de armas a los milicianos el punto sin retorno– tiene su manifestación más clara en el terror: "Desde los primeros días de lucha, un indecible terror reinaba en Madrid, [donde] pasear a todo sospechoso o todo enemigo personal se convirtió en el apasionado deporte de los milicianos de retaguardia". A resultas de todo ello, "el Gobierno hallaba todos los días sesenta, ochenta o cien muertos tumbados en los alrededores de la ciudad"; y se podría hablar de más de 10.000 ciudadanos "asesinados durante tres meses, y sólo en la capital". Todo ello, antes de Paracuellos.

¿Y qué hacían las autoridades ante esos trágicos acontecimientos? "Pareciera que los consideraban con indiferencia e incluso que cerraban los ojos, convencidos de que aquella depuración podía mostrarse útil y necesaria para la seguridad interior". Recalca que pudieron haber empleado a la Guardia Civil para reprimir a los milicianos que ejecutaban a ciudadanos, pero no quisieron.

El terror respondía, al menos para algunos, a una estrategia totalitaria, según se desprende del hecho de que –afirma Campoamor– "estas ejecuciones se llevaron a cabo con la ayuda de unas listas preparadas de antemano"; listas repletas de "sacerdotes, frailes y religiosas, los miembros de Falange Española, los de Acción Popular, los del Partido Agrario y luego los miembros del Partido Radical".

Campoamor no ahorra críticas a la derecha. Especialmente certera es la que le dedica por el modo en que condujo la respuesta al golpe de estado que dio la izquierda en 1934:
¡Tres únicas condenas oficiales! ¡Gran clemencia! Pero, a cambio, miles de prisioneros, centenares de muertos, de torturados, de lisiados. ¡Execrable crueldad! He ahí el balance de una represión que si hubiese sido severa pero legal, justa y limpia en sus métodos, habría causado mucho menos daño al país.
Una derecha más liberal y menos inculta que la que tenemos podría haber hecho de Clara Campoamor un referente histórico. Quizá sea bueno que no lo haya hecho, si, como señala Español, doña Clara fue una genuina representante de la "tercera España".

En cualquier caso, el ejemplo y los juicios de Clara Campoamor están tan vigentes hoy como lo estuvieron ayer.


CLARA CAMPOAMOR: LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA VISTA POR UNA REPUBLICANA. Renacimiento (Sevilla), 2009 (3ª ed.), 257 páginas.