Apuntes y comentarios de Historia de España para 2 Curso de Bachillerato escritos por la profesora Ana Galván Romarate-Zabala. Si los utilizas, cita las fuentes.
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domingo, 26 de septiembre de 2010

Liberalismo versus Absolutismo: ¡Viva la Pepa!

Reproduzco aquí integramente el artículo que el historiador Fernando García de Cortazar ha publicado hoy en el diario ABC rememorando nuestra liberal Constitución de 1812, una ocasión ¿perdida? para acabar con el Absolutismo en España:

Columnas

La Nación levantó el vuelo

«El 24 de septiembre de 1810 es un día que cambia repentinamente el paso de España, colocándola en la vanguardia del movimiento liberal»

Día 26/09/2010
ALGUNOS años, como ciertos poetas y políticos, gozan de una fama superior a la común. 1452 es uno ellos: es una fecha que generaciones de sabios, poetas, reyes y guerreros recordaron a fuego durante siglos. Ese año los turcos se apoderaron de Constantinopla. Ese año la antigua Bizancio de los helenos, la dorada capital de Constantino el Grande, la urbe que había sido avanzada de la cristiandad en Oriente y abierto las puertas a la riqueza y al saber de la otra mitad del mundo a Occidente, la preservadora y depositaria de la fecunda Antigüedad, entró a formar parte de un imperio que medía su vida según los preceptos del Corán. No hubo Cruzada para recuperar lo perdido, como quería el Papa, pero durante décadas, mientras el peligro otomano engullía buena parte de los Balcanes y acechaba Hungría, todos los príncipes de Europa estuvieron afligidos y acosados por los remordimientos. Para ilustrar la profunda conmoción que sufrió la cristiandad aquel año de 1453 basta leer las palabras de un viejo escriba bizantino refugiado en Venecia: «No hubo ni habrá jamás suceso más terrible».
También hay años en que los acontecimientos se precipitan como si la Historia tuviese más prisa en hacer correr el tiempo. Piensen en 1492, fecha en que un continente ignorado emerge desde el confín de los océanos a modo de una Atlántida perdida, y la vieja Europa, con España y Portugal a la cabeza, certifican el tránsito renacentista de la Edad Media a la Moderna, el triunfo absoluto de la experiencia sobre el saber académico. Recuerden los diez días que estremecieron el mundo en 1917, o su precedente, la Revolución francesa, un drama que arranca en 1789 y se prolonga durante el largo siglo XIX, una historia de utopía y terror que aceleró el pulso de Europa entera, asediando el Antiguo Régimen, devorando a sus propios hijos, cambiando de rostro a cada momento...
Sin duda, dentro de los márgenes de la historia de España, el 24 de septiembre de 1810 pertenece a esas dos clases de fechas. Es un día que permanece activo en el recuerdo de los españoles como símbolo del deseo de modernidad de una minoría ilustrada, y también es un año que cambia repentinamente el paso de España, colocándola en la vanguardia del movimiento liberal.
Después de un largo forcejeo con la Regencia, aquel 24 de septiembre de 1810 las Cortes se reunieron en la isla de León, en la bahía de Cádiz, para rehacer un país desangrado a imagen de sus mejores y más avanzados soñadores. Fue un acontecimiento que asombró al mundo y del que Karl Marx, en 1854, diría que no tenía precedente en la historia: «Ninguna asamblea legislativa había reunido hasta entonces a miembros procedentes de partes tan diversas del orbe ni pretendido regir territorios tan vastos de Europa, América y Asia; casi toda la Península Ibérica se hallaba ocupada a la sazón por los franceses, y el propio Congreso, aislado realmente de España por tropas enemigas y acorralado en una estrecha franja de tierra, tenía que legislar a la vista de un ejército que lo sitiaba.»
«¿Quién podría olvidarlo?», se pregunta Galdós en los Episodios Nacionales. Todo el patriotismo y todo el fanatismo de la época, la ilusión y la frustración, la pesadilla y el sueño, la razón y la locura, se dan entonces cita en Cádiz, ciudad sitiada por Napoleón pero felizmente abierta al mar por el que entra el Siglo de las Luces, el escenario ideal para que coincidan los nuevos principios de la organización social y política —opuestos al derecho divino de los reyes y favorables a la soberanía nacional— y los ciudadanos hechizados por la llamada del porvenir. Según recuerda Blanco White, si alguien brama en las populosas calles de Cádiz «¡La patria peligra!» ya no se piensa en los ejércitos franceses que la pisan y reducen a una pequeña isla inconquistable sino en los folletos reaccionarios de los absolutistas o serviles.
Ajenos al acto de heroísmo colectivo de la Guerra de Independencia, Carlos IV y Fernando VII siguen embobados en su irreal y lloriqueante universo, pero en Cádiz, aquel 24 de septiembre de 1810, los Muñoz Torrero, Argüelles, Quintana... se esfuerzan por despertar a España de su siesta miserable haciendo nuevo lo viejo. Lejos de la función tradicional que se presuponía a la veterana institución, aquel 24 de septiembre de 1810 los liberales ven llegado el momento de transformar las Cortes en una moderna asamblea. Todos esos abogados, estudiantes y clérigos ilustrados que han aprendido apresuradamente el francés, a fin de saborear a Rousseau y a Montesquieu, como si fueran un añoso vino de Borgoña, se ven a sí mismos en el modelo de Napoleón y piensan que todo es verdaderamente posible. Todos están convencidos de que, tras los sacrificios y dolores de la guerra, el pueblo español se merece un texto legal bien ordenado, destinado a evitar su sometimiento a una corte caprichosa o a un rey inepto. También piensan que bastará promulgar una legislación revolucionaria para cambiar el rostro de la carcomida y polvorienta España.
Desde los primeros discursos, la conmovedora reflexión de Don Quijote sobre los galeotes cobra en Cádiz un alentador acento político: «Que no faltaran otros que sirvan al rey en mejores ocasiones, porque me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres.» Desde las primeras intervenciones, conceptos como soberanía nacional o separación de poderes no auguran nada bueno a los defensores del Antiguo Régimen, que, como el obispo de Orense, acusan a las Cortes de alterar de raíz la naturaleza de la monarquía española. Y no se equivocan, porque es en la misma sesión inaugural del 24 de septiembre de 1810 cuando los diputados diseñan el marco liberal que habría de influir en la redacción de la Constitución de 1812, al establecer la igualdad de derechos de todos los ciudadanos, incluidos los de América.
Hoy, doscientos años después, leemos los debates y los discursos de las Cortes de Cádiz y podemos vaticinar lo que va a suceder. Hoy sabemos que a los diputados de 1810, perseguidores de un porvenir que imaginan a base de leyes, les hundirá el pasado que suponen muerto. Hoy sabemos que no supieron combinar la revolución con el realismo, que quisieron ir más deprisa de lo que la sociedad española de la época quizá permitía, que se equivocaron al querer hacer la Revolución francesa sin salir de los límites de la Asamblea Nacional, es decir, sin el pueblo, ese pueblo irredento, exhausto y dolorido que terminará gritando ¡Viva las cadenas! ¡Viva el rey absoluto! También conocemos el final: el regreso de Fernando VII, que pondrá punto final al texto gaditano, declarando nulos todos los actos de las Cortes sin que nadie salga a la calle en su defensa, restableciendo la Inquisición, condenando a los presidios africanos o al destierro a los representantes más destacados de las Juntas y de las Cortes...
Hoy, en fin, resulta muy fácil escribir que el experimento constitucional de los liberales de Cádiz fue un desvarío quijotesco que tenía en su contra todos los malos augurios de la realidad, pero al juzgar así ese episodio de nuestra historia olvidamos la valiosa lección que nos regalara Tolstoi en Guerra y paz: que los hombres avanzan por la vida como se avanza en la niebla, que para ser justos con las generaciones pasadas hay que intentar ver la niebla que había en su camino.
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR ES DIRECTOR DE LA FUNDACIÓN DOS DE MAYO, NACIÓN Y LIBERTAD

martes, 21 de septiembre de 2010

Videos sobre el Imperio Bizantino y la expansión islámica

Ayer recordamos, realizando el Eje Cronológico, que una de las fechas claves para señalar el fin de la Edad Media es la toma de los turcos de Constantinopla. Aquí os dejo unos enlaces a videos sobre el imperio bizantino y la expansión islámica que os pueden ser de utilidad. ¡No dejéis de verlos!

El Imperio Bizantino

Expansión bizantina y musulmana

El imperio otomano

jueves, 16 de septiembre de 2010

Las Comunidades autónomas españolas

En la actualidad España está estructurada en 17 comunidades autónomas, dos ciudades autónomas -Ceuta y Melilla- y a su vez, en 50 provincias:
http://www.youtube.com/watch?v=zylbZ1nOX0c

domingo, 29 de agosto de 2010

MARIO VARGAS LLOSA NOVELA LA VIDA DE ROGER CASEMENT, PIONERO DEFENSOR DE LOS DERECHOS HUMANOS

Genial entrevista al brillante escritor Mario Vargas Llosa hoy en el diario El País. Por su gran interés la reproduzco integramente:

"El nacionalismo es la peor construcción del hombre"

Mario Vargas Llosa ha dedicado tres años a reconstruir la vida de Roger Casement, pionero defensor de derechos humanos, que protagoniza 'El sueño del celta'

El escritor Mario Vargas Llosa


El escritor Mario Vargas Llosa, en su casa de Madrid durante la entrevista.- CLAUDIO ÁLVAREZ

IKER SEISDEDOS - Madrid - 29/08/2010

Mario Vargas Llosa recoge en su nueva y estupenda novela aquella reflexión del escritor y político uruguayo José Enrique Rodó: "Un hombre es muchos hombres". No digamos ya en el caso de Roger Casement (1864-1916), personaje real inspirador de uno de los lanzamientos más esperados del otoño literario. Diplomático reservado, sir y escritor, temprano relator de derechos humanos, héroe irlandés, traidor británico, torpe estratega militar, homosexual atormentado, reo ajusticiado... De la suma de todos los casement resulta una obra que Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) ha tardado "tres años" en culminar, desde aquel lejano y nebuloso "des

"No hay barbarie comparada a la del colonialismo. África nunca se recuperó"

"Nunca he hecho novela histórica. Para mí, la historia es materia prima"

El tiempo se fue en documentar la peripecia de un cónsul británico que, despertado a los horrores del colonialismo de Leopoldo II, viajó por el Congo belga en 1910 para documentar la barbarie con descarnado realismo en el informe que le daría fama (y que ahora rescata Ediciones del Viento en La tragedia del Congo). No fue esa la única amarga denuncia de Casement. La situación de los indígenas al servicio del sistema de la extracción del caucho en la Amazonia mereció otro de sus relatos de estilo aterrador por su exacta sobriedad.

Entregado a la causa nacionalista irlandesa, viajó a Berlín para conspirar contra Reino Unido en plena I Guerra Mundial, participó en el alzamiento del Ulster de 1916 y acabó condenado a morir ahorcado tras tres meses en prisión y un juicio que conmovió a la sociedad británica por el aireamiento de unos diarios repletos de escabrosas aventuras homosexuales cuya autenticidad aún es objeto de debate. "Es un personaje múltiple, con varias biografías que no encajan muy bien", explicaba recientemente Vargas Llosa en su casa de Madrid, donde se mostró tan brillante, preciso y generoso como la lectura de sus libros hacía presagiar. "Fue, sobre todo, uno de los primeros europeos que tienen una conciencia clara de lo que es el colonialismo".

Pregunta. Sorprende el nacionalismo fervoroso de su protagonista. Un atributo poco común en sus héroes...

Respuesta. Siempre he tenido terror de esa forma de fanatismo. El nacionalismo me parece la peor construcción del hombre. Y el caso más extremo de nacionalismo es el nacionalismo cultural. Aunque en ciertas circunstancias puede representar valores libertarios...

P. ¿Hay un buen nacionalismo?

R. En ciertos pueblos aplastados por colonizadores, que aspiran a liberarse del ocupante, el nacionalismo tiene un valor positivo. Pero lo peligroso es cuando se convierte en una ideología. El nacionalismo significa violencia, prejuicios, distorsión de valores. Casement vive la parte más idealista, que es la de la lucha contra el opresor.

P. El libro está repleto, desde su mismo título, de sueños y fantasías.

R. El sueño del celta es un poema que escribió Casement, que era muy mal poeta. A mí las fantasías me sirvieron para tapar los huecos de un personaje enigmático. Y luego están las fantasías políticas. Leopoldo II fue un gran fabricante de sueños; él consigue que le regalen el Congo porque monta una ficción, un mito sobre sí mismo, sus intenciones y sus designios. Por eso Casement se va al Congo, en pos de ese sueño.

P. Y se topa con el horror más absoluto y conradiano, el horror del coronel Kurtz...

R. Es un libro también sobre cómo ciertas circunstancias deshumanizan a los hombres hasta hacerlos monstruos. Eso también lo vivió en el Perú, con el sistema de extracción del caucho. Se cometían las mayores atrocidades desde la impunidad más absoluta. Es como una especie de inmersión en el mal. Casement vive eso y mantiene una distancia, lo escribe, lo documenta y no se vuelve loco.

Mola y Yoka, que perdieron las manos por torturas de los soldados en el Congo

Mola y Yoka, que perdieron las manos por torturas de los soldados en el Congo de Leopoldo II alrededor de 1900.- ANTI-SLAVERY INTERNATIONAL

P. ¿La barbarie de África, que se suele despachar como un continente sin remedio, es heredada?

R. Por supuesto. No hay barbarie comparada a la del colonialismo. Y además deja unas secuelas de las que África nunca se ha podido recuperar. No dejó nada positivo. En otras partes se puede decir que algo quedó...

P. ¿Como en América?

R. Allá se trasladó una parte de Europa que echó raíces. Se recreó una nueva versión de Occidente. Pero en África fue el saqueo por el saqueo. Como eran culturas muy primitivas fueron arrolladas sin ninguna oposición. Fíjese, tanto tiempo después no hay manera de que el Congo se ponga en pie. Leopoldo II ha sido la gran maldición del Congo.

P. Sin olvidar al bestial dictador que fue Mobutu...

R. Les ha tocado lo peor. Tal para cual. Los horrores que hicieron ambos...

P. ¿Diría que la figura de Leopoldo II ha quedado fijada en la historia en su justa envergadura genocida?

R. En Bélgica, no. Sigue teniendo un museo maravilloso, que es una especie de pequeño Versalles. No sabemos cuántas, pero se calcula que murieron 10 millones de personas en su época. Casi como dos veces el Holocausto judío. Es, de hecho, el primer gran Holocausto moderno. Ahí siguen todavía, entre matándose, con ejércitos extranjeros interviniendo en el Congo.

P. ¿Cree, como Robert Kaplan, que hay países incapaces de construir una democracia?

R. En lo inmediato no creo que haya ninguna posibilidad para el Congo. Es el país que peor lo ha pasado en el África y probablemente en el mundo. Hay una fuerza de las Naciones Unidas a la que han dado unas instrucciones completamente disparatadas, yo lo pude comprobar cuando viajé con Médicos Sin Fronteras para escribir un reportaje en El País Semanal. Solo actúan para que se apliquen los acuerdos de paz, pero les prohíben que intervengan en los asuntos internos.

P. Los periódicos informan regularmente de episodios pavorosos como las recientes violaciones en masa acaecidas en Congo ante la pasividad de la ONU.

R. Cuando viajé, un médico me habló de que el gran problema eran las violaciones. Todos violan porque la violación se ha convertido en un arma política, militar. Haces daño al enemigo violando a sus mujeres. Es el objeto más vulnerable, codiciado que hay. Y me impresionó muchísimo. Me contó varios casos espantosos y se echó a llorar. ¡Qué extremos de barbarie! Todo esto lo vio Casement de una manera muy premonitoria. Sus informes son de una enorme riqueza etnológica, antropológica y desde luego política. Luego es muy interesante la evolución del personaje, cómo siendo un anglófilo imperialista y anglicano se hace independentista irlandés y católico. Vive una contradicción permanente siendo diplomático británico se instala en la duplicidad que en realidad es una triplicidad, si se añade el asunto de su homosexualidad. Depende del ángulo desde el que lo mires cambia completamente de sentido, de valencia moral, política.

P. El lector que desconozca el personaje histórico, quedará fascinado con otra dimensión, la novelesca...

R. Siempre va a quedar alrededor de él una gran incertidumbre. ¿Qué cosas son ciertas de las que se le han atribuido? Sobre todo lo relativo a sus escandalosos diarios, está hundido en los fondos de la inteligencia británica. Y en Irlanda, por una parte es considerado un héroe, pero por otra hay una incomodidad absoluta. Nadie lo reivindica abiertamente porque provoca mucho malestar, porque es un país católico, moralista, tradicionalista. Hablas con los independentistas, reconocen que es un héroe y niegan de entrada todo lo que se le ha atribuido.

P. ¿Cree que sus diarios fueron falseados?

R. Es una polémica que siempre está muy viva. Quedan historiadores que sostienen que los diarios son falsificados. Mi impresión tiende a aceptar que si no totalmente, en gran parte son auténticos. Es una cosa de novelista, no de historiador. No había materialmente tiempo para que se hiciera una falsificación ajustada a los pormenores de la vida de Casement. Pasaron tres meses entre que lo apresaron y su ejecución. Por otra parte, las barbaridades que él cuenta, sobre todo las sexuales, es casi imposible que las cometiera sin que lo supieran los de alrededor, sin que fuera la comidilla de la comunidad de colonos. Y luego están las proezas sexuales, técnicamente imposibles...

P. De la novela se deduce que era su forma cobarde y tímida de vivir cosas que no le estaban deparadas.

R. Creo que así fue. Lo más probable es que llevase su homosexualidad de una manera muy reprimida, tomando inmensas precauciones. No solamente la moral, la legalidad victoriana era feroz. Uno podía acabar en la cárcel. Quizá su desfogue eran sus diarios.

P. La historia de Casement nos enseña que, por mucho positivo que uno haga, su imagen pública valdrá lo que sus últimos actos. ¿Llegó a sucederle a usted con su incursión en la política a principios de los noventa?

R. Si tuviera que hacerlo de nuevo no la haría. No lo lamento, ya lo viví. Aprendí cosas... Más negativas que positivas. Pero me sirvió. Normalmente, un intelectual ve de la política lo mejor. No ve la cosa menuda, pequeña, mezquina... todo lo que se relaciona con el poder es muy degradante. Si no quieres que la política sea peor de lo que es, tienes que actuar. Y eso implica, como decía Max Weber, vender el alma al diablo. La política no es para los puros. Es humana en el sentido más terrible de la palabra.

P. El sueño del celta guarda cierta similitud con La fiesta del chivo, parte de la historia como pretexto de ficción...

R. No he hecho nunca novela histórica. No es lo mío ofrecer una versión más o menos animada de los hechos. La historia ha sido para mí siempre una materia prima, para fantasear, para intentar a partir de ahí contar una ficción.

P. Sostiene la periodista cultural Janet Malcolm que toda biografía es un acto de traición...

R. Es un acto frustrante. Sartre dedicó muchos años a escribir sobre Flaubert. En El idiota de la familia trataba de averiguar valiéndose de todos los adelantos intelectuales de nuestra época qué se puede saber hoy sobre un hombre. Escribió tres enormes volúmenes, inmensos, que te tomaba meses leer, al final no había llegado siquiera a Madame Bovary.

P. ¿Hemos de advertir un cierto agotamiento de la vida, de su día a día, como fuente de inspiración en su obra reciente?

R. Una historia que pasa en la literatura no es una historia anterior a la literatura. Es una historia que se vuelve literatura, porque las historias que pasan en la vida suceden no con palabras, sino con hechos. Al volverse literatura, se convierten en otra cosa. Se convierten en una cosa que vale por el vocabulario, la simbología, el estilo, la estructura. La literatura se puede apropiar de todo. Lo que resulta es literatura, no es sociología, historia o política aunque de todo haya en una novela. Lo maravilloso del género novelesco es que es un género caníbal que se apropia de todo y le da otra dimensión.

P. ¿Aún se considera periodista?

R. Escribo en periódicos. Y a veces aún hago periodismo de calle. Fue además una fuente maravillosa de temas, de personajes. No sé qué porcentaje, casi la mitad de las cosas que he escrito provienen de mis tiempos de periodista.

P. ¿En qué trabaja ahora?

R. En un pequeño ensayo, La civilización del espectáculo. Cómo la cultura contemporánea prima el espectáculo. Lo que no pasa por el espectáculo no es cultura.

P. ¿Hay vuelta atrás para eso?

R. No creo que se pueda recuperar. El espectáculo se ha convertido en el valor de nuestra época. Ya no hay valores, nadie sabe qué cosa es buena, qué cosa es mala, qué cosa es bella, qué cosa es fea. Vivimos en una de las épocas más confusas de la historia.

P. Ensayos, obras de teatro, columnas de opinión... ¿No teme que la superproducción le impida estar a su propia altura?

R. Siempre hay miedo a perder el pie. Hay que tratar de mantenerse lúcido, no volverse una ruina humana. Uno hace lo que puede... Lo que no creo que deba pensar un escritor es en retirarse. Si el tiempo te retira, la enfermedad te retira, claro, pero si tienes ilusiones hay que seguir trabajando.

P. Edward Said hablaba del interés de cierto estilo tardío...

R. Sí, claro, pero siempre me ha angustiado mucho la idea de esos escritores que pierden el fuego, se callan. Me sentiría muy desgraciado si no pudiera trabajar. Con el tiempo se pierden capacidades, me temo que sí, pero hay que mantener la lucidez y el espíritu crítico. Perder el espíritu es una enfermedad en la que caen muchos escritores. Es como volverse una estatua en vida.

P. ¿Y el Nobel de Literatura?

R. Pensar en ello es malo para el estilo, tardío o no.

Literatura electrónica pasajera

El sueño del celta es la primera novela de Mario Vargas Llosa de la nueva era... del libro electrónico. ¿Se ha atrevido el autor de Conversación en la catedral con el formato digital? "No lo he hecho. Lo he visto, sí, lo he sopesado, pero todavía no me animo, no. La lectura todavía sigue siendo mi gran placer, claro, aunque en soporte tradicional. No hay que rechazarlo de entrada. Los defensores del libro electrónico aseguran que solo es un soporte. Así como el papel es un soporte. Sin embargo, cuando yo veo lo que ha pasado con la televisión, veo que no es así, que la pantalla ejerce una influencia sobre la creación. Tiende a introducir una facilidad, a destacar por encima de todo el entretenimiento rápido, que es lo que ha pasado con la tele. Hay cosas fabulosas en ese medio, pero predomina la cosa leve, ligera, pasajera. Mucho me temo que la literatura en pantalla se convierta en eso".

¿Y qué lee Vargas Llosa? "Leo por trabajo o por placer, y cuando leo por placer releo autores clásicos. Me da un poco de vértigo el torbellino de las novedades. Es absolutamente imposible estar al día de todos los autores jóvenes. Con todo, nada me produce tanto placer como encontrar el libro adecuado. ¿Mis últimos descubrimientos? Me fascinó El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince. Muy certero. Qué bonito libro. ¡Qué fina manera de rendir un homenaje a su padre y al mismo tiempo trazar un relato de toda una época! Y recientemente descubrí a Irene Némirovsky. Es una maravilla, te impresiona cómo viviendo unas circunstancias absolutamente terribles, una judía francesa en la II Guerra Mundial, pudo escribir Suite francesa, un libro tan controlado. Tan frío, mostrado con serenidad".

miércoles, 2 de junio de 2010

RECUPERACIONES HISTORIA DE ESPAÑA EN SEPTIEMBRE

El examen, que consiste en el desarrollo de un tema y un comentario de texto (tipo Pau) elegidos por el departamento de Historia y extraidos de todo el temario, tendrá lugar el próximo 1 de septiembre a las 15.30 en el aula 2.2. Ese mismo día tenéis que entregar todos los trabajos y comentarios de texto, tal y como indica el plan de recuperación.
Se ruega puntualidad.
Saludos y FELIZ VERANO!!!!!!!!